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La enésima caída de S.M. el Rey y otros españoles

Por Javier Aguado, ‘Master en Protocolo y Ceremonial’. Sigueme en twitter: @protocoloaguado

Ya prácticamente deja de ser noticia la enésima caída del Rey. Quizá causó más asombro, estupefacción y hasta revuelo turístico la ‘caída’ de esa ‘pedazo’ de bandera que tenemos instalada en la Plaza de Colón de Madrid. Pero ahí no queda el cúmulo de desgracias y/o de tristes anécdotas que están provocando más de un sarcasmo en nuestros vecinos europeos y, cómo no, en las redes sociales, youtube, etc.

S. M. el Rey Don Juan Carlos I
S. M. el Rey Don Juan Carlos I

Nuestro ciclista olímpico, Pedro Luis León, con serias probabilidades de medalla en la prueba de contrarreloj, va y se le rompe la cadena nada más salir de la línea de control. Pero el señor gafe, no contento con esa ‘jugarreta’, justo cuando le cambian la bicicleta e intenta recuperar el terreno y tiempo perdidos… ¡zas!, pincha, se le rompe el cuadro –que para romper el cuadro de una bicicleta de alta competición manda bemoles, que son de fibra de carbono, algunas y, otras, de aluminio- y el pobre ciclista murcianico salta por los aires y, a su vez, sus ilusiones se van, también por viento fresco.

Esto no es normal. No es que nos haya mirado un tuerto, como dice la sabiduría popular, yo creo que en todos estos sucesos que algunos pueden calificar de menores o, simplemente, casualidades, se esconde una pequeña desidia, un dejarse llevar por la rutina, por aquello de ‘está todo tan mal, que pa qué’.

A mí, particularmente, esta actitud me saca de mis casillas. Hemos sido siempre un país que ha salido adelante con lo poco que se tenía. No quiero mirar atrás pero no puedo remediar –muchos de vosotros y, hasta yo mismo no lo hemos vivido– historias que me contaban mis abuelos cuando estaban en la cola con la cartilla de racionamiento para conseguir una ‘bola de pan’ que era más dura que una piedra. Y, aún así, aquí estamos y ahí están –todavía- nuestros yayos.

Lo de Pedro Luis León suena mucho a dejadez, con el mayor de mis respetos para el equipo técnico de la Federación Española de Ciclismo pero ¡qué sucede señores! ¿qué no tenemos siquiera para revisar las bicis de competición o es que al personal le hemos recortado tanto el suelo que éste pasa de hacer su trabajo?

La ‘super-mega’ bandera de España de Colón trajo cola el día de su instalación en uno de los puntos más neurálgicos de la capital del Reyno. ¿No se merece un mínimo mantenimiento?. ¿Una mínima vigilancia?. Algún responsable habrá de estas cuestiones. El caso, como suele ocurrir,  nadie ha dado la cara y hemos sido el hazme reír. Gracias a que un afanado ciudadano dio la voz de alerta a los servicios municipales y, éstos, hicieron lo que buenamente pudieron.

Dejo la reflexión de la caída de S.M. El Rey no porque merezca más o menos que los anteriores. Simplemente porque aquí sí que quiero hilar muy fino y no herir susceptibilidades en los entornos reales. Me voy a limitar a plantear algunas preguntas sin buscar respuestas, faltaría más. Como sabéis que me gusta, lo dejo para vuestra reflexión y valoración.

¿Por qué lo servicios de seguridad y protocolo no plantean la instalación de una rampa en aquellos escenarios y eventos que así lo requieran máxime teniendo en cuenta la movilidad reducida de nuestro Monarca?. Esto no supondría un coste añadido porque, por ejemplo en el caso del otro día, ya podría quedar instalada para otros actos.

¿Puede ser que nuestro Rey, no quiera? ¿Por qué? ¿Le cuesta asumir que su ‘grandeur’ va de más a menos? ¿No quieren gastarse el dinero en este tipo de instalaciones ya que cuando el Príncipe heredero se convierta en Rey va a resultar ‘mal en la foto’.

Sinceramente, creo que se lo deberían plantear porque, me temo, que no va a ser la última caída. Espero y deseo que sí pero, como diría aquel, ‘esto tiene mu mala pinta, oiga’.

Dos últimas líneas para decir que, por un lado, restan menos días para los JJ.PP. Como ya os adelanté, iré contando en formato crónica las curiosidades que vayan sucediendo o aconteciendo a modo de libro de bitácora.

Por otro, sí que se puede decir, muy tristemente que para el seleccionado español son los peores juegos de la historia. Habrá que hacer una muy profunda reflexión de lo que ha pasado y, sobre todo, pedir responsabilidades, por supuesto, a todos los estamentos implicados en el deporte. Espero que, por enésima vez, no se vayan de rositas los auténticos responsables de esta debacle.

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