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Dos luces para el mundo

  • 7 Ene, 2016
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El pasado 4 de enero se celebraba de nuevo el aniversario del nacimiento de Luis Braille que para las personas ciegas nos dio la llave del conocimiento para poder acceder a la cultura. A su vez, una niña de nuestro tiempo, por otros motivos desiguales, se ha erigido en luz para este mundo y es necesario con este artículo juntarlos a los dos y de paso homenajear su apuesta por la cultura y su decisión de avanzar siempre hacia adelante.

No hace mucho, esta chica, tan genial como el propio Louis Braille fue Malala Yousafzai que dijo ante Naciones Unidas: “Un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo. La educación es la única solución”.

El propio Louis braille, en torno a 1830 pronunció las siguientes frases en defensa de su sistema de puntos en relieve: “El acceso a la comunicación en su sentido más amplio es el acceso al conocimiento, y eso es de importancia vital para nosotros si no queremos continuar siendo despreciados o protegidos por personas videntes compasivas. No necesitamos piedad ni que nos recuerden que somos vulnerables. Tenemos que ser tratados como iguales, y la comunicación es el medio por el que podemos conseguirlo”.

Es curioso, y sintomático a la vez, que ambos coincidan en sus manifestaciones aunque quizá no lo sea tanto. Y es que, efectivamente, como ambos afirman, el acceso a la información es la mejor manera de alcanzar la dignidad de las personas marginadas por una u otra cuestión.

Louis Braille y Malala Yousafzai, dos personas grandes en su inteligencia visionaria pero sometidas a la marginalidad y hasta a la violencia, nos enseñaron el camino y cómo recorrerlo.

Esos dos chicos, separados por kilómetros y años de distancia supieron, como yo también lo sé bien, lo que significa poder leer para aprender, saber enseñar y lo importante que es compartirlo, más aún, entregarlo y entregarse a los demás.

Estoy seguro de que el milagro de su generosidad hace que sin que ellos sean conscientes, cómo habrían de serlo, se ilumine el mundo con la luz de la esperanza.

Yo tan solo soy una tenue sombra de sus figuras, pero conocer su testimonio y valentía me obliga a empeñarme en seguir su estela. Y, por eso, escribo hoy estas sencillas líneas y me obstino en no ceder a la pereza o la fatiga que da la comodidad y acompañarles en su utopía, haciéndola sueño que, al soñarla juntos, se hace realidad.

Yo, como Louis y Malala, también fui niño y, aunque no tanto como ellos, sufrí marginación por padecer problemas visuales. Yo, como ellos, comprendí entonces que mi salvación se encontraba en un libro, en muchos libros a través de los que apoyarme para contemplar el mundo; en los maestros que me enseñarían su saber; en la familia, que me apoyaría a pesar de dolerle mi lucha; y en la escritura, que sería mi testimonio de esperanza y superación.

Hace hoy 207 años venía al mundo Louis Braille, un hijo de guarnicionero del cuero que al poco tiempo perdería la vista y a los 16 años fijaría su invento del método en relieve por medio de puntos para acceder al conocimiento. Malala nació en 1997 y en 2012, con 15 años, será cuando sufra el atentado que estuvo a punto de costarle la vida al volver del colegio. Louis moriría a los 43 años por las malas condiciones de salubridad del colegio de ciegos de París en el que había estudiado y alcanzado el oficio de maestro. Malala sobrevivió al atentado y hoy reside en Reino Unido. Tanto Louis como Malala deberían haber llevado vidas normales junto a sus familias, pero no pudieron hacerlo y, sin embargo, son luz para el mundo y ejemplo de lucha generosa por los demás.

Esos libros leídos en braille, ese legado que Louis y Malala nos entregan, esa necesidad de escribir y hacer de la palabra amable y motivadora la mejor de mis armas son lo que yo, compartimos hoy.

Es un privilegio aprender de chicos como Louis o Malala, héroes de la Historia. Es un honor dar a conocer y promover su memoria. Hoy es un día de fiesta para los ciegos por aquel nacimiento de Coupvray en 1809. Sí, así es. Pero también es fiesta cada vez que escuchamos la voz de Malala, con su fuerza y compromiso.

Celebremos, entonces, la fiesta del conocimiento y la generosidad.

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